Retos actuales de la Hispanidad

Tras el magnífico despertar del 12 de octubre de 2019 es imprescindible seguir ahondando en el espíritu que lo puso en marcha, para recuperar cuanto antes nuestra conciencia de pueblo con una cultura, lengua e historia comunes; así como para promover las medidas tendentes al progresivo estrechamiento de lazos que busque la reunificación mediante las fórmulas más ade­cuadas al mundo actual y que mejor sirvan a nuestro pueblos.

1. ¿Por qué Hispanoamérica y no Latinoamérica?

No creemos que exista ni haya existido nunca una hipotética Latinoamérica. En el gran continente americano hay dos países actuales en el norte donde Francia intervino en su génesis, pero que finalmente se decantaron por una cultura aplastantemente anglosajona, que algunos aluden como Angloamérica. El resto es Hispanoamérica (o si se prefiere Iberoamérica). Un territorio poblado y administrado durante siglos por los países ibéricos o hispánicos, sin que haya habido una sola zona de influencia italiana, romana o latina; mientras que las de influencia francesa –excepto en algunas áreas angloamericanas- fueron muy pequeñas, de instauración tardía y abandono temprano, sin que hayan dejado una huella apreciable. No quedan más len­guas latinas vivas sino el rumano –que no ha lugar-, las dos lenguas base de la Hispanidad (cas­tellano y portugués) y otras dos lenguas hispánicas, como el gallego (inseparable del portugués) y el catalán, que no son oficiales fuera de su ámbito español.

2. Situación de los territorios hispanos

El tercio del suroeste norteamericano fue poblado e incorporado al acervo del Imperio his­pano, aunque posteriormente, con engaños, traiciones y abusos, fue desgajado del mismo e incorporado a los Estados Unidos de Norteamérica, sin que se pueda decir que forman parte de una “angloamérica” monolítica sino más bien conservando muchos rasgos identitarios de rai­gambre hispánica.

Un destino similar sufrieron muchos pequeños territorios caribeños, que pasaron a colonias de países europeos terceros o títeres de los propios EEUU, perdiendo el uso de la lengua espa­ñola. En el resto de América se promovió la secesión desde las habituales instancias foráneas, con el imprescindible apoyo de minorías acomodadas que vendieran su país para beneficio de los intereses económicos y geoestratégicos de los anglosajones. Son Brasil y los países que per­manecieron como hispano-hablantes, que adquirieron el estatus de formalmente independien­tes y de repúblicas democráticas, lo que en doscientos años ha sido poco menos que puro for­malismo.

La situación en que quedó la propia España no fue mejor que la del resto del antiguo Imperio. Un país empobrecido, humillado, en manos de sus peores enemigos (foráneos pero siempre ayudados por los elementos filo-masónicos autóctonos) que no levanta cabeza hasta el siglo XX y entonces se le prepara una revolución socialista en toda regla para acceder a una llamada “dictadura del proletariado” orquestada para la total destrucción de lo que quedaba de su cuerpo y su alma, que estuvo muy cerca de tener éxito. Entonces surgió una reacción, con pocos medios y apoyos, pero que finalmente resultó victoriosa, tras una horrible carnicería, una pe­nosa destrucción patrimonial y una fractura social como nunca antes en su historia se había visto.

Una generación después España estaba unificada, básicamente olvidados los lances de la guerra, repuesta en su economía y dispuesta a enfrentar el futuro, pero sus enemigos la tenta­ron de nuevo contra su destino natural: su reunificación con los países hispanos, y le aseguraron que “sería como Dios” si se unía a Europa, a esa Europa que la había expoliado, insultado, des­preciado, ninguneado y desprovisto del pan y la sal por siglos. Seréis europeos, es decir, de nuevo ciudadanos de primera, ya no parias despreciados. Muchos lo creyeron, pero el resultado es que hemos tenido que aguantar los mismos insultos, el mismo desprecio, la misma incom­prensión ante el terrorismo, el separatismo, etc. Éramos Europa para ser súbditos de sus ban­queros y altos funcionarios, pero no para que nadie se solidarizara cuando teníamos problemas, que ellos sembraban, ellos atizaban, ellos empeoraban… para luego rasgarse las vestiduras cuando España intentaba resolverlos por su cuenta.

3. ¿Qué se puede hacer para revertir la situación?

Esta España aherrojada por la Comunidad Europea y esta Hispanoamérica oprimida por los imperios anglosajones tienen un pasado reconocido como glorioso, de 1500 a 1800, hasta por sus peores enemigos; un pasado más reciente penoso (1800-2000), donde las hemos visto pasar de la potencia más próspera y ejemplar a un guiñapo o triste sombra de lo que fue, por acción conjunta de sus enemigos seculares; pero puede tener un magnífico futuro y recuperarlo todo en una generación si llegamos a saber con claridad

Quiénes fuimos, cómo y por qué llegamos allí en el pasado.

Quiénes somos ahora, que nos pasó para pasar a peor situación y por qué ya no se ha levan­tado cabeza.

Amigos y enemigos: quiénes (de los nuestros y los foráneos) nos han ayudado en estos siglos y quienes nos han maltratado, quienes han sido beligerantes en nuestra contra, quienes han sido neutrales, quiénes han sido amigos.

Quiénes queremos ser: si decidimos que lo que somos nos gusta menos que lo que fuimos, tendremos que tomar las riendas de nuestras vidas y dirigirlas a un destino diferente, más acorde con aquello, aunque adaptado a los retos y circunstancias del siglo XXI.

4. Problemas de la multirracialidad y multiculturalidad

También tenemos que afrontar un reto que nos divide, atizado por nuestros enemigos de siempre, que de ello obtienen beneficio. Es necesario abordar los problemas de la multirraciali­dad y multiculturalidad.

En los países hispanos existen indígenas americanos puros, descendientes directos de euro­peos, descendientes de africanos producto del tráfico de esclavos y mestizos entre todos ellos (amén de chinos, árabes y otras muchas minorías). Están asentados, unos desde muchas gene­raciones y otros desde pocas, conviven y son conciudadanos de sus respectivos países. No tu­vieron ninguna responsabilidad para con los actos históricos ocurridos siglos atrás, fueran para bien o para mal según juicios de cada uno.

Muchas minorías étnicas se han mantenido en sus usos y costumbres, conservando sus len­guas, mientras que otras las han perdido o -peor- se han perdido en el curso de la Historia. La unidad ya se probó que fue útil y positiva para todos, aunque hay que mejorar en cuanto a com­patibilizar el ir unidos con el máximo respeto a las personas y culturas locales de cada país o región. En todo caso, tenemos que decidir si

A) queremos quedarnos como estamos, pues entendemos que es la mejor de las formas po­sibles de estar en el mundo actual.

B) queremos volver el reloj a 1500, desalojar Hispanoamérica de no nativos y volver a frag­mentar los territorios creando estados soberanos donde recordemos que los hubo (Incas, Ma­yas, Aztecas, Olmecas ¿los extintos también?), para los supervivientes de cada tribu reconocible como diferente- sean Mapuches, Aymaras, Guaraníes, Yanomamis, etc.; para ser pasto de la especulación por parte de grupos poderosos foráneos con mucha mayor facilidad (como ellos intentan promover). Todo después de actos de pública contrición y petición de perdón a tales nativos por los muchos daños infringidos por siglos.

C) o queremos un modelo que asuma la integración de todos en un proyecto común, cercano en su estructura a la parte positiva de la actual Comunidad Europea, pero basado en unos víncu­los y fraternidad seculares.

5. Territorios que podrían formar parte de esta nueva Hispanidad

Aparte de los obvios, como España y las repúblicas independientes americanas que mantie­nen la lengua española como oficial, se podrían señalar:

5.1. PORTUGAL y los países luso-parlantes

Hispania es el nombre empleado por los romanos para aludir a la Península Ibérica en su organigrama de administración del imperio. Antes de su llegada había muchos pueblos cultos pero no formaban estructuras estatales ni eran muy extensos los territorios que ocupaba cada uno, por lo que fue posible vencerlos e integrarlos en su imperio, lo que seguramente no hubiera sido posible en caso de haber estado unificados. Tal Hispania se dividió en entidades adminis­trativas menores, una de las cueles fue Lusitania, que incluía Portugal.

La posterior invasión de los godos supuso la creación de un primer estado unificado e inde­pendiente (especialmente a partir de Leovigildo), que se llamó Hispania e incluía toda la penín­sula (con Portugal), aunque en las montañas del norte quedaran núcleos de resistencia.

La tercera invasión, esta vez a cargo de musulmanes árabes y bereberes, supuso la desapari­ción del reino godo y la creación de un nuevo país en la Península (Al Andalus), que nunca llegaría a controlar realmente las zonas del extremo norte (entre Cataluña y Galicia).

Tales focos de resistencia contra estos últimos invasores (restos de pobladores autóctonos ibéricos, vascones, astures, cántabros, pirenaicos, etc.; unos más romanizados o germanizados y otros menos) fueron el punto de partida de una Reconquista, larga y penosa, que trajo consigo la creación de unos reinos primero frágiles, como el de Asturias, y luego cada vez más sólidos, como los de León, Castilla, Navarra y Aragón. Cuando esta Reconquista llegó a la mitad meridio­nal se hizo como parte de los reinos anteriores en el centro (Castilla) y este (Reino de Valencia, federado en Aragón) pero en el oeste se fraguó un nuevo reino independiente (Portugal).

Finalizada la Reconquista e incorporada toda Andalucía (que pasa a Castilla), el matrimonio entre Isabel y Fernando permite la reunificación de Castilla y Aragón, así como unas circunstan­cias favorables permiten una anexión de Navarra no muy laboriosa. Con ello entramos en el siglo XVI con una “Hispania” convertida en una federación de reinos hispánicos unificados con sólo Portugal como independiente. La política exterior y matrimonial de los años siguientes permitirá que en ese mismo siglo Portugal se una a esta federación hispana por varias décadas, aunque el creciente poder los países hostiles europeos maquinó para abortar esta unificación.

Es decir: Portugal no es un país extranjero en España ni España un país extranjero en Portugal, por historia, por costumbres, por lengua (la lengua portuguesa es la de sus ancestros gallegos, que siguen hablándola, enriqueciendo con ello el amplio patrimonio cultural hispano).

También queremos justificar con este texto que decir Hispania no es aludir a España (al es­tado que actualmente lleva este nombre) sino al territorio entero de la Península Ibérica, tal como la geografía y la historia corroboran, y -por extensión- al conjunto de países en que los hispanos se han asentado, han construido ciudades e infraestructuras y han transmitido su len­gua (española o portuguesa) y su cultura en los demás continentes.

Dicho de otro modo: tan hispano es un cubano o panameño como un brasileño y así se reco­noce cuando se habla de música, de literatura, etc.

En todo caso: si los países que hablan portugués (empezando por Portugal) no desean ningún tipo de tratamiento como hispanos ni ningún tipo de futuro en relación con la Hispanidad, de­beremos respetarlo, pero de partida lo más oportuno sería proponerles ser miembros de pleno derecho de la futura renacida Hispanidad. Una Hispanidad bilingüe a nivel internacional y pluri­lingüe en los muchos países que tienen sus lenguas diferenciales.

Es evidente que habrá quienes prefieran una Hispanidad monolingüe, lo que puede tener algunas ventajas prácticas, pero creemos que eso sería contra la Historia, la cultura y casi contra natura.

5.2. Territorios hispanos actualmente integrados en EEUU

Tema muy espinoso y de difícil solución es el de estados en origen tan hispanos como los demás (componentes por siglos de la Nueva España), como es el caso de California, Nuevo Mé­xico, Texas, Arizona, etc. La llegada masiva de millones de angloparlantes y de emigrantes pluri­nacionales ha desdibujado mucho sus orígenes y es difícil saber qué queda, en qué grado y en qué zonas concretas se mantiene más viva la llama hispana.

Cualquier iniciativa como la presente de aglutinación del mundo hispano no puede dejarlas de lado por formar parte de una federación dominada por anglosajones y con el inglés como lengua dominante actual, aunque tampoco parece muy realista proponerlos que se hagan inde­pendientes como varios estados actuales o uno sólo (Estados Unidos de la América del Norte Hispana), lo que sería la mejor solución para los demás hispanos.

5.3. Filipinas y otros territorios de Asia-Pacífico

Las Islas Filipinas fueron parte de España por más tiempo que la mayor parte de la América hispana, pero la gran distancia al resto y su aislamiento como hispanos (rodeados de un entorno indonesio e indochino), dificultan su posible acercamiento. A ello se unen la gran masacre –genocidio en toda regla promovido por los EEUU a comienzos del siglo XX tras expulsar a los españoles, con el asesinato de todos los hispanohablantes mayores de edad (incluidos los “hé­roes” de la resistencia a la que habían apoyado), completado por los japoneses con el bombar­deo de Manila al retirarse en la II Guerra Mundial.

Históricamente el genocidio es lo más rentable para los colonialistas que desean no tener conflictos futuros con la población sojuzgada. Así, a día de hoy todos sienten en Filipinas (arqui­tectura, toponimia, apellidos…) la presencia española, pero casi nadie sabe español ni se siente hispano.

Además de Filipinas no podemos olvidar las Marianas, Palau, Molucas, etc.; muy vinculadas en su momento a la Hispanidad, aunque posiblemente estén tan desconectadas o más que las Filipinas.

5.4. Territorios africanos

El continente africano, pese a su proximidad a la península Ibérica, no ha tenido demasiada influencia hispana, salvo en el norte de Marruecos, donde quedan las plazas de Ceuta y Melilla, así como huellas claras en el norte rifeño, pero la lengua árabe y la religión islámica suponen una enorme barrera que impide cualquier aproximación.

Está el antiguo Sahara español, invadido por Marruecos en los años 70 y cuyos descendientes llevan décadas en campos de refugiados argelinos. Hablan árabe, aunque los mayores recuerdan algo de español, y son también musulmanes. Su futuro como hispanos -desde estos aspectos- tampoco parece claro.

Otra cosa es la Guinea Ecuatorial, donde se mantiene más la lengua y hay menos distancias en los planteamientos religiosos. Es un país a tener en cuenta por parte de cualquier movimiento hispano. Lo mismo decir de dos países extensos del África negra, como Angola y Mozambique, donde se conserva la lengua portuguesa y una sociedad cristianizada.

6. Reflexiones sobre la organización del territorio.

Un territorio tan grande y disperso parece difícil de llegarlo a reunir bajo una estructura de estado unificado, pero existen muchas fórmulas intermedias entre la total independencia y la total unificación, que pueden ensayarse según factores geográficos, históricos, sensibilidades actuales de los pueblos, etc. Pero para poder imaginar un escenario posible, queremos hacer una propuesta concreta que es más fácil de imaginar que reflexiones ambiguas.

Europa: las actuales España y Portugal no deberían tener ningún problema en unificarse, en un único país ibérico, formado por regiones con bastante autonomía y lenguas propias, los ar­chipiélagos Balear y macaronésicos quedarían allí incluidos.

América: podrían proponerse seis grupos o grandes estados unificados:

México: es ya un país muy grande, que podría mantenerse tal cual

Resto de Centroamérica: son todos países muy reducidos y podrían unificarse en uno sólo, al que sería bueno pudieran vincularse los diversos archipiélagos caribeños, frente a la otra opción de formar entre ellos una unidad aparte.

Norte de Sudamérica: Colombia y Venezuela, con las desgajadas Guayanas podrían formar un primer bloque en el subcontinente.

Brasil, el país más grande e indiscutible de todo el continente.

Conjunto andino (Ecuador, Perú y Bolivia), con una similitud y vínculos que justificarían su uni­dad.

Cono Sur, con Chile, Argentina, Paraguay y Uruguay.

Estados hispanos de EEUU: serían bien venidos a este conjunto si desearan federarse aparte, pero si desean seguir en su federación actual se les invitaría a participar en los eventos culturales y cualquier actividad que afecte a la Hispanidad como tal.

Algo similar se podría decir de Filipinas y otros países de Asia, África y Oceanía con los que hay vínculos y desearan mantenerlos.

Los siete estados básicos, una vez reconstruidos y asentados, iniciarían las negociaciones para buscar una comunidad económico-cultural entre sí, tendente a avanzar hacia una unificación más completa, con modelo más cercano al de los Estados Unidos de Norteamérica o al de la Comunidad Europea.

RECUPERACIÓN DE LA CONCIENCIA DE PUEBLO

Los países independientes en que se ha mantenido la lengua española como oficial represen­tan el núcleo base de lo que fue el imperio español, hoy día más bien aludido bajo un concepto cultural y espiritual como es la Hispanidad.

La Leyenda Negra ha hecho un daño muy profundo en el conjunto de la Hispanidad, corro­yendo su esencia misma y llevando a los hispanos a una postura que pasa del hispano-escepti­cismo a la pura hispanofobia. Naturalmente, en el resto del mundo la postura es similar, aún más escorada hacia la fobia, ya que todos procuran engrandecer sus logros y empequeñecer los ajenos (al revés que muchos de nosotros).

Consideramos paso imprescindible para iniciar esta recuperación el que los pueblos hispanos redescubran su verdadera historia,

También que descubran su verdadera situación en la geopolítica moderna, sus posibilidades de futuro en la situación de separación e incluso de hostilidad entre sí en ciertas situaciones; aunque seguramente no será el principal estímulo para volvernos a unir el interés estratégico, sino principalmente el redescubrir quiénes somos en realidad, la dignidad de nuestro pasado y nuestra privilegiada posición durante varios importantes siglos de la Historia de la Humanidad.

Con mi amor y saludo a mis hermanos de toda la comunidad hispana y al resto de la huma­nidad, para quienes deseamos lo mejor -igual que para nosotros- en un nuevo mundo solidario y respetuoso, en que podamos olvidar antiguos agravios.

Gonzalo Mateo, 12 de octubre de 2019

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